Antiguamente, en las tardes de otoño e invierno, madres e hijas, al calor del brasero de una mesa de camilla, pasaban las horas trajinando agujas e hilos con los que confeccionaban prendas artesanales. En Ceutí, un grupo de mujeres instruidas por Valvanera Sánz se reúne varias tardes a la semana con el objetivo de mantener vivas esas tradiciones y no dejar caer en el olvido técnicas de bordado tales como el encaje de bolillos, la vainica y el bordado tradicional, que aprendieron de sus antepasados.
El sábado mostraron sus trabajos en el parque Juan Carlos I con motivo del IX encuentro de bolilleras de Ceutí. Las participantes improvisaron un auténtico taller de manualidades: bolilleros, alfileres, agujas, hilos, telas, tijeras..., todo sobre unas grandes mesas y unas carpas que el Ayuntamiento instaló para hacer más cómoda la jornada.
A la cita acudieron unas 150 mujeres, no sólo de la localidad sino también de otros puntos de la Región. De admirar era la paciencia y destreza con la que Carolina Hurtado, una niña de ocho años, iniciada en este oficio por su abuela Rosario Torregrosa, manejaba el bolillero. Carolina lleva dos años haciendo encaje de bolillos. «Disfruto mucho y me permite hacer trabajos para regalárselos a mis primas y amigas», explica.
En su misma mesa de trabajo también se encontraba Encarna Martínez, una vecina de Ceutí que se inició en el encaje de bolillos a la misma edad que Carolina. «Recuerdo que lo primero que bordé fue una puntilla para el día de mi Primera Comunión». Desde entonces, Encarna no ha dejado el hilo y las agujas.
El sábado mostraron sus trabajos en el parque Juan Carlos I con motivo del IX encuentro de bolilleras de Ceutí. Las participantes improvisaron un auténtico taller de manualidades: bolilleros, alfileres, agujas, hilos, telas, tijeras..., todo sobre unas grandes mesas y unas carpas que el Ayuntamiento instaló para hacer más cómoda la jornada.
A la cita acudieron unas 150 mujeres, no sólo de la localidad sino también de otros puntos de la Región. De admirar era la paciencia y destreza con la que Carolina Hurtado, una niña de ocho años, iniciada en este oficio por su abuela Rosario Torregrosa, manejaba el bolillero. Carolina lleva dos años haciendo encaje de bolillos. «Disfruto mucho y me permite hacer trabajos para regalárselos a mis primas y amigas», explica.
En su misma mesa de trabajo también se encontraba Encarna Martínez, una vecina de Ceutí que se inició en el encaje de bolillos a la misma edad que Carolina. «Recuerdo que lo primero que bordé fue una puntilla para el día de mi Primera Comunión». Desde entonces, Encarna no ha dejado el hilo y las agujas.

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