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miércoles, 16 de julio de 2008

Historia de Archena: Caminos y carreteras en el siglo XIX

Texto extraído del libro "Historia de Archena" de Manuel Enrique Medina Tornero, Cronista Oficial de Archena. Foto de la Web del Ayuntamiento de Archena.
En el transcurso del siglo XIX se realizaron todas las carreteras que hoy conducen a Archena. En 1860 se aprobó la construcción de la carretera de tercer orden que partiendo de la de Albacete-Cartagena termina en los Baños de esta villa.
Al año siguiente, en 1861, se le interrogó al Ayuntamiento por los peores caminos de la jurisdicción con necesidad de ser arreglados. Contestó la corporación que los más necesitados eran sin duda el que conducía a Murcia-Crevillente, y el de herradura con dirección a Ceutí. En 1864 se volvió a formular la misma pregunta, pero en esta ocasión el Ayuntamiento respondió con un proyecto en el que demandaba y urgía la construcción de la carretera de Ceutí, ya que el camino actual atravesaba la huerta, precisando modificar su trayectoria además de hacerse intransitable cuando llovía. La propuesta del Ayuntamiento consistió en unir la carretera de la estación de Archena a los baños con la de Ceutí, abandonando el camino de herradura que iba por el Río Muerto, Pago del Barranco y Ramel.
Una vez inaugurado el puente, la Administración decidió dotar a Archena de buenas comunicaciones, y en noviembre de 1865 se subastó la construcción de dos nuevas carreteras: la que saliendo de la estación llegaba a Pinoso por Fortuna y Abanilla; y la de Archena a Mula.
Antes de acabar el siglo, en 1899, se arregló a fondo la carretera de Ulea o camino viejo de Cieza, a la altura de la Rambla del Arco, muy dañada por los constantes desbordamientos cada vez que llovía. También en este año se remozó considerablemente el camino de Lorquí que estaba en pésimas condiciones.
El mantenimiento y conservación de los caminos era obligación del Ayuntamiento que periódicamente debía proceder a su composición, a veces con carácter de urgencia, si las lluvias habían sido fuertes. Las obras de reparación se realizaban en domingos o días festivos. Como ocurría en los siglos pasados, los vecinos colaboraban con sus peonadas, caballerías o carruajes según la posibidad de cada uno. En 1830, se dispuso suministrar gratis una sopa económica a los jornaleros que trabajaban en los caminos.
En algunos años se preveía un determinado gasto para pagar los alimentos de los que trabajasen en los caminos. Acabado el dinero, se dejaba el arreglo del camino, tal y como estuviese.
Por fin en 1853 se estableció un presupuesto ajustado al gasto correspondiente para la composición de caminos. Se estructuraba de la forma siguiente: se realizarían las obras entre los meses de septiembre y noviembre, estableciendo turnos diarios de 30 peones, 6 carros de mulas y 6 caballerías. El valor económico de las prestaciones de los vecinos, quedó establecida en 4 reales para los peones, 7 para las caballerías y 11 para los carros.
Para 1862, se burocratizó todavia más el arreglo de los caminos, y según instrucción recibida de la Diputación Provincial, los turnos se organizarían por calles, en épocas que no hubiera trabajo agricola. Los precios de los jornales (no más de dos al año) convertidos en dinero serían: los hombres de 4 a 6 reales, según fuese invierno o verano; las mulas de 6 a 8 reales, y los carros de mulas o bueyes de 16 a 22 reales.

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