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lunes, 26 de enero de 2009

PERSONAJES MURCIANOS/ PEDRO JARA CARRILLO



“Jara es el periodista poeta, porque poesía ha sido aquella campaña que dio por resultado la creación de la Universidad; poesía fueron aquellos artículos que nos trajeron un Conservatorio; poesía son todos sus escritos con los que a diario procura el engrandecimiento de la región murciana.”
(Vicente Llovera, Comisario Regio de la Universidad, 1927)


Pocas figuras han contribuido tanto al engrandecimiento y mayor prosperidad de nuestra Región como el poeta, novelista, autor de cuentos y de obras de teatro, y combativo y señero periodista, Pedro Jara Carrillo (1876-1927). Difícilmente puede establecerse parangón para una tan estrecha unión del hombre con la tierra en que ha nacido, como la que representa la de este escritor con una Murcia por la que sintió verdadera devoción y a la que no escatimó el más mínimo celo ni las energías suficientes para defenderla en cuantas empresas necesitara.

Pedro Jara Carrillo nació en Alcantarilla el 11 de diciembre de 1876. Tres años después, dicha localidad sufrió los estragos de las inundaciones de los ríos Segura y Sangonera, conocidas como la Riada de Santa Teresa, que sembró la tragedia en nuestra región. A los quince años se traslada a Murcia para iniciar la carrera de Magisterio en la Escuela Normal y toma así contacto con una ciudad a la que amaría siempre de forma apasionada. En “El Diario de Murcia” comienza a publicar sus primeras poesías. El director del periódico, José Martínez Tornel, enseguida advirtió las cualidades del aspirante: “No he visto en mi vida muchacho tan joven como Pedro Jara, que escriba con tanta soltura y con tanta fluidez. Si no se malogra, creo que nos ha nacido un poeta de cuerpo entero.” Y en otras publicaciones de aquel tiempo como “Las Provincias de Levante”, “El Correo de Levante” (donde popularizó el seudónimo de Plácido Rojer de Larra al pie de sus “Instantáneas”, poesía festiva rebosante de costumbrismo localista, y que continuaría al pasar en 1903 a “La Correspondencia de Murcia” como redactor-jefe) siguió dejando muestras de su buen hacer lírico.


En 1904 dirige el periódico “Región de Levante”, en el que inició sus primeras campañas de orden social y político en las que tanto destacaría. Pero donde Jara va a dar la medida de su gran capacidad y talento como periodista, tenaz luchador en pro de unos ideales coincidentes con las nobles y justas aspiraciones de un pueblo que le va a prestar todo su apoyo, fue en “El Liberal”, al que se incorpora como director en marzo de 1911. No tardó en convertirlo en el diario de mayor tirada de Levante, alcanzando los 25.000 lectores en 1919. Entre las campañas que organizó citemos las encaminadas a la defensa de los intereses agrícolas, creación de un cuartel de Artillería para Murcia, construcción del Pantano de la Fuensanta, abastecimiento de agua para Murcia y Cartagena, creación de un Conservatorio de Música y Declamación y, sobre todo, la concesión de una Universidad.

La campaña para traer a Murcia una Universidad fue, sin duda, el mayor éxito periodístico que se apuntó Jara. Éste, tras un breve periodo de tiempo que empleó para madurar su idea, publicó el 6 de diciembre de 1913 un artículo titulado “Murcia necesita una Universidad” que fue el primer aldabonazo en pro de la obtención de tan importante institución cultural. En él enumera Jara las razones que hacen imprescindible y urgente su establecimiento en nuestra ciudad: la falta de recursos económicos impide a muchos jóvenes con capacidad y aptitudes para el estudio hacer una carrera superior; el desplazamiento de tantos jóvenes a Madrid, Valencia o Granada, como puntos más cercanos; el interés no sólo local, sino también regional de dicha empresa, etc.

Muy pronto se sumaron apoyos por parte de la prensa en general y de los políticos, así como de relevantes figuras de la vida cultural murciana, entre ellos el Maestro de Humanidades don Andrés Baquero (cuyo informe técnico sería decisivo para conseguir la Universidad). Constituida un Comisión Gestora, en la que se integra Jara Carrillo, ésta sale hacia Madrid para formular su petición. Tras muchos avatares, finalmente con la intervención decisiva de don Juan de la Cierva, se consigue el objetivo. El 29 de marzo de 1915, La Gaceta publica la Real Orden por la que se creaba la Universidad de Murcia, que se inauguró solemnemente el 7 de octubre de ese mismo año.


Entre 1920 y 1923 Jara fue concejal en el Ayuntamiento de Murcia, en donde centró toda su actividad siempre al lado del pueblo, en defensa de los más necesitados.

Pero el amor a su región no se detendría sólo aquí, sino que le inspiró también la letra del “Himno a Murcia”, que se estrenó la noche del 9 de junio de 1922. Una orquesta, compuesta por músicos murcianos, acompañando a un coro de 42 voces femeninas, interpretó por primera vez el “Himno”, que caló hondamente en todos los presentes.

En 1927, con motivo de la Coronación de la Virgen de la Fuensanta, se organiza un concurso para premiar la letra y la música de un himno a la Patrona de nuestra ciudad, del que saldrían triunfadores el poeta Pedro Jara y el compositor Jerónimo Oliver Albiol, director de la Banda del Regimiento de Infantería de Marina de Cartagena. A su primera interpretación, Jara, ya gravemente enfermo, no pudo asistir. Moriría el 4 de octubre, sin haber podido escuchar aquella hermosísima obra, que el pueblo murciano continúa cantando con honda y entrañable emoción.

Figura 1. Manuscrito del Himno a la Virgen de la Fuensanta


Por lo que se refiere a su obra poética, Pedro Jara Carrillo, ganador de muchos Juegos Florales y de otros certámenes líricos de su tiempo, se sitúa dentro del ambiente literario de encrucijada que domina por aquellos años y contribuye con su varia producción al desarrollo de los diversos caudales literarios del momento. Por un lado, se circunscribe a la poesía postromántica, con manifiesta presencia de tonos simbolistas y metros propios del modernismo en sus primeros libros: Siemprevivas (1901) Relámpagos (1902), Gérmenes (1903)y Cocuyos (1905); para después, a partir de Besos del sol (1912), iniciar un modernismo a lo Rueda.

El prof. Juan Barceló Jiménez, en su artículo “Modernismo y escritores murcianos” clasifica a Jara Carrillo como poeta de signo modernista, tan ligado a su ciudad que empapado de sus bellezas canta cuanto le rodea. Y subraya, además, su amistad con Salvador Rueda y Vicente Medina.


Figura 2. Carta de Salvador Rueda


Los temas fundamentales que Jara cultiva en sus versos son el amor –hondamente sentido la mayoría de las veces, y especie de juego poético o con una visión objetiva, externa, otras-, y la muerte –que, como la vida, es una realidad inmutable que se cierne sobre todo lo creado, y que Jara desarrolla elegíacamente unas veces, de manera trágica y macabra, otras-.

Otros temas serían la melancolía, lo patriótico y social y algunos más circunstanciales como las flores, la guitarra, los toros o lo religioso, acusando diversas influencias de otros escritores a nivel nacional como Bécquer, Rosalía, Núñez de Arce, Campoamor, Ricardo Gil, Rubén Darío o Salvador Rueda; y también de sus paisanos como Polo de Medina, Frutos Baeza, J. Martínez Marín-Baldo o Vicente Medina.

Por último señalar también los aspectos costumbristas que aparecen con relativa frecuencia en sus versos, como el trabajo en el campo, siempre desagradecido al sobrevenir calamidades que afligen al huertano, expresados en poemas como “La riá”, “El desahucio” o “La inundación”, y los que hacen referencia a tradiciones, usos y costumbres, tan celosamente conservadas cual los atuendos que se guardan en el arca, y que la huertana desempolva sólo con motivo de las fiestas más entrañables: boda, feria, bailes, etc. (El aroma del arca, 1929, libro póstumo).

“Arca huertana, perfumado
rincón de hogar donde está toda
grata memoria del pasado;
desde el refajo rameado
a la basquiña de la boda.

Desde la armilla reluciente
de luminosas lentejuelas,
a las postizas vihuelas
con que en sus quince y en sus veinte
parrandearon las abuelas.”

En cuanto a su producción narrativa, compuesta por catorce cuentos y dos novelas, su obra más conocida es Las caracolas (1920), subtitulada novela de costumbres murcianas. Se trata, en realidad, de un extenso relato folletinesco en el que dos jóvenes, María y Antonio, se enamoran sin saber que son hermanos. La novela se inscribe en el modelo de literatura regionalista y popular que habían desarrollado antes que Jara, Díaz Cassou, Martínez Tornel o Frutos Baeza, entre otros. Su título alude a la antigua costumbre de los huertanos de hacer sonar las caracolas para avisar de la amenaza de inundación. Los profesores Díez de Revenga y Mariano de Paco han señalado el tinte de novela naturalista que inscribe a Jara en la línea de un Blasco Ibáñez, subrayando el determinismo que marca la relación del hombre con el medio en que vive.

Finalmente, en lo que se refiere al teatro, un género menor en la obra de Jara, éste sólo escribió seis breves piezas, de las que destacaríamos el monólogo Un telegrama (1901) y Del retablo mariano (1927).

Pedro Jara Carrillo fue un espíritu romántico, enaltecido por una fina sensibilidad que lo lleva a trascender poéticamente los límites de la vulgaridad que la vida podía mostrarle. La vida le sugiere, le delata y confirma una suerte de inspiración que el poeta, el hombre, no duda en realizar.

Decía Ortega que “la obra de arte es un trozo de la vida de un hombre”. Pues bien, en el caso de nuestro escritor esta afirmación cobra un hondo sentido, dado que resulta extremadamente fácil exhalar desde su entrañable humanidad ese esquema sutil y transparente del que la obra no es sino un simple resultado.

Sin duda, puede afirmarse que Jara Carrillo representa una postura noble y valiente, -comprometida incluso-, ante la literatura, ante el periodismo, ante la política, ante la vida…

Amó a Murcia, y quiso permanecer siempre en ella, cantando con su lírica todas sus bellezas y luchando agresivamente desde su cátedra de periodismo por una serie de realizaciones que mejoraran la vida de todos los que habitaban en ella. Su mayor felicidad radicaba en pasear por las calles de Murcia y por los senderos de su huerta, encontrando en su luz, en su paisaje, en sus rincones, en sus monumentos, en sus gentes, motivos de arrobada inspiración.

El periodista Luis Carrasco Gómez definió con mucha exactitud al personaje y al amigo: “Sin vanas ostentaciones incompatibles con su modestia, Jara Carrillo dio buen ejemplo de aristocracia de espíritu, y es por eso por lo que su labor periodística –nada fácil- se la consideró constante lección de ciudadanía. Su formación espiritual recuerda la de los próceres varones de la Grecia clásica. Como complemento, era sencillo en el trato social, efusivo en alto grado, amigo de todos con marcada inclinación hacia los humildes, espejo de hidalga caballerosidad. Finalmente, Jara Carrillo llegó a ser, sin pretenderlo, maestro y guía de una juventud romántica y soñadora, llena de inquietudes.”


BIBLIOGRAFÍA:

- Alemán Sainz, Francisco: “Pedro Jara Carrillo en el verso murciano”. Boletín de Información Municipal 67-68. Ayuntamiento de Murcia. Murcia, 1972.

- Ballester, José: “Paladines de la conciencia de Murcia”. Prólogo a Libro de las Canciones (2ªedic.) Vol. VIII de Obras Completas de Pedro Jara Carrillo. Suc. de Nogués. Murcia, 1963.

- Barceló Jiménez, Juan: “Modernismo y escritores murcianos”. Murgetana, nº 57. Academia
Alfonso X el Sabio. Murcia, 1980.

- Cano Benavente, José: “Murcianos de otro tiempo. Pedro Jara Carrillo”. La Verdad, 31 de enero de 1988.

- De los Reyes, Raimundo: Estampas murcianas. Ediciones de Conferencias y Ensayos. Madrid, 1960.

- Díez de Revenga, F.J. y De Paco, M: Historia de la literatura murciana. Editora Regional. Academia Alfonso X el Sabio y Universidad de Murcia. Murcia, 1989.

- García Garrido, Carmen: “Evocación a Jara Carrillo”. Revista literaria Contraluz, nº 17. Murcia, octubre de 1962.

- García Mulero, José: “Intensa labor periodística de Pedro Jara Carrillo”. Línea, 10 de noviembre de 1978.

- Jara Carrillo, Pedro: Verso y Prosa. Selección e introducción de Manuel Llanos de los Reyes. Colección Autores de Alcantarilla. Ayuntamiento de Alcantarilla, 1991.

- Jiménez Madrid, Ramón: Narradores murcianos de antaño (1595-1936). Universidad de Murcia, Academia Alfonso X el Sabio y Editora Regional. Murcia, 1990.

- Llanos de los Reyes, Manuel: Medio siglo de poetas murcianos (1900-1950). Editado con la colaboración de CajaMurcia. Murcia, 1987.

- Llanos de los Reyes-Gª, Manuel: Pedro Jara Carillo. El escritor y su obra. Academia Alfonso X el Sabio. Biblioteca de Estudios Regionales nº 8. Murcia, 1991.

- Martí, Enrique: “Pedro Jara Carrillo. El poeta y el hombre. Impresiones del momento”. El Liberal, 6 de octubre de 1927.

- Martínez, Juan Antonio: “El Modernismo en Alcantarilla: Jara Carrillo. Ideas y formas poéticas”. Revista Fiestas de Alcantarilla. Ayuntamiento de Alcantarilla, 1982.

- Martínez Arnaldos, Manuel: “Consideraciones lingüístico-críticas sobre el texto costumbrista”. Murgetana, 55. Academia Alfonso X el Sabio. Murcia, 1979.

- Oliver, Antonio: “Murcia y Salvador Rueda”. La Verdad, 21 de julio de 1957.

- Sánchez Jara, Diego: ¿Cómo y por qué nació la Universidad de Murcia? Nogués. Murcia, 1967.

- Sevilla, Alberto: “Literatura murciana. Las caracolas”. El Liberal, 21 de marzo de 1922.

- Valcárcel Mavor, Carlos: “Jara Carrillo, poeta y escritor de feliz memoria”. La Verdad, 14 de noviembre de 1987.

domingo, 1 de junio de 2008

Gran éxito del XIX Festival Nacional de Folklore "Virgen de la Salud" de Archena





Anoche se celebró en el Salón de Actos del Centro Cultural de Archena el XIX Festival Nacional de Folklore organizado por el Grupo Folklórico Virgen de la Salud de esta localidad. Un festival que se iba a celebrar en el Cine de Verano pero que debido a la inestabilidad de la climatología se decidió a última hora llevarlo a cabo en el Centro Cultural.
El festival contó con la presencia del Grupo Folklórico "Ciudad de Marbella" (Málaga), el Grup de danses "Cresol" de Alicante y el Grupo Folklórico Virgen de la Salud de Archena, siendo presentado por Juan Pio Abenza.
El Grupo Folklórico "Ciudad de Marbella" hizo un recorrido por todos los bailes tradicionales de Andalucia, acompañado de sus trajes típicos derrochando simpatía y colorido. Por su parte el Grup de Danses "Cresol" de Alicante dió un repaso a los bailes y danzas populares de las comarcas alicantinas, destacando su vestuario del siglo XVIII.
Cerró la noche el Grupo Folklórico Virgen de la Salud de Archena, recordando que el próximo día 2 de junio este Grupo cumplirá 20 años, e invitando a los asistentes a participar en la próxima Semana de Folklore que este año se va a celebrar del 21 al 28 de Junio en el cine de verano.
Previo al Festival tuvo lugar la recepción a los Grupos participantes por parte del Alcalde de Archena D. Manuel Marcos Sánchez Cervantes.

viernes, 29 de febrero de 2008

Costumbres Murcianas: "Alpargateros"

"Costumbres Murcianas" es una sección de El Alboroque Digital realizada por Carlos Gargallo, Vocal de Cultura de la Peña Huertana "El Tablacho" de Murcia.

ARTESANÍA MURCIANA
El primer problema que se le presenta al artesano alpargatero es el de la materia prima necesaria para el trabajo. Las fibras que lo hacen posible son el cáñamo, yute, esparto y pita debidamente hilados que escasean en gran medida y que, cuando se encuentran, sus precios hacen imposible la rentabilidad de su esfuerzo.
Porque lo hicieron de toda la vida, por romanticismo o porque les entretiene en las horas libres que ha dejado la jubilación en otras actividades, todavía milagrosamente se pueden encontrar los artífices de esta cadena que da término a que en el comercio se puedan encontrar un par de alpargatas como Dios manda, y si no en el comercio, seguro, en la venta ambulante de mercados y ferias.
El hilador o cordelero tiene la función de proporcionar el hilo que habrá conseguido en cientos de “paseos” en carrera mecánica o manual en cantidad próxima a los cinco kilos de hilo diario. Cáñamo de importación o yute será la materia elegida. También un híbrido que los del oficio llaman “encapao” y que no es más que el yute recubierto de cáñamo.
Con el hilo en las manos, el maestro alpargatero comienza por el urdido de la suela. Utiliza en este trabajo, que realiza con una endiablada velocidad- se suele trabajar a destajo-, el banco típico de madera con alas y un punto de apoyo o palote en el centro que ayuda a cerrar y apretar las puntas. El artesano toma asiento en la borriqueta o caballete. Hay que señalar que esta faena suele hacerse en cadena. El alpargatero que urde es distinto al que cose. Igualmente, las lonas de la alpargata la colocan, generalmente, las mujeres. De docenas en docenas se van terminando así estos calzados que recorren en su puesta a punto varios talleres familiares, amén de exposiciones al sol en la acera de cualquier vivienda hasta que el comerciante recoge todo el material y empieza la peregrinación de su venta.

Una vez urdida la suela y golpeada con una paleta de madera que llaman “chamarí” se empieza el cosido, que se efectúa en forma transversal a la suela y de forma vertical. Una operación que a simple vista parece fácil requiere años de experiencia. Cuarenta puntos endiablados dará el alpargatero; dos costuras, una lateral y otra central o cadeneta y un cosido vertical o “enclavao” que dará fin a este hacer en el que habrá utilizado una aguja almará y un tiempo récord, que a lo máximo le proporcionará una docena de pares al día.

Las suelas así cosidas serán hermanadas a pares del mismo tamaño, como es lógico, para que en una última labor se le coloquen las lonas. Estas telas han sido cortadas mediante patrones según la talla y la forma de la alpargata. Las hay con elástico y sin él. Blancas y negras. A veces, caprichosamente, de vivos colores.

Cosidas las lonas con algodón solo queda el engrudo de la suela que las hace más resistentes. Estos artesanos desconfían de los productos con suelas de goma o similares. La región murciana del noroeste, especialmente Cehegín y Caravaca, son las localidades donde se pueden encontrar con más frecuencia artesanos alpargateros que sobre viven gracias al milagro de todos los días.

Carlos Gargallo

viernes, 25 de enero de 2008

EL VIEJO BANDO DE LA HUERTA



“EL VIEJO BANDO DE LA HUERTA”

Por Carlos Gargallo/ Poeta y Vocal de Cultura Peña El Tablacho (Murcia)


El bando desfilaba, entonces, en la mañana del Domingo de Resurrección , después de que había pasado la procesión que tenía salida y acomodo en la Iglesia de la Merced, la de los “blancos”, pues ese era el color de las túnicas de sus nazarenos.
Era cerca de mediodía cuando llegaba a la plaza de las Flores; unas cuantas carretas y unos huertanos de a pié y de a caballo, con su “perráneo” subido en la primera, cuyo Bando había <> en la plaza de Santa Catalina, repartiendo papeles de los escritores de entonces: Francisco Frutos Rodríguez, el tío Paco Zelemán (seudónimo de Francisco González Alemán, un ordenanza de banco, copias de bando de José Frutos Baeza y de algún otro panochista.
Las carretas iban tiradas por los bueyes rojizos de pura raza murciana que tanto hemos visto con el hubio puesto, en pareja, enganchados al arado para levantar los tormos en los bancales y preparar la tierra para un nuevo esquimo, previo laboreo en el que, generosamente, entraba una buena parte del estercolero que, como muestra, iban dejando los bueyes sobre los adoquines o la tierra por donde pasaban: “la pastelá”…

Era la Huerta, pero la Huerta de verdad, con esos aditamientos, la que visitaba la “Zudiá” para que, una vez al año, nos trajera, con ramos de azahar, el recuerdo de que existía, que de allí habían salido nuestras raíces y que nos nutría con sus hortalizas y los ricos frutos jugosos de su arbolado.
Recuerdo obligado era el de la SEDA. La carreta con gusanos hilando nos avisaba que la cosecha de esta fibra natural criada con mimo y sacrificio por los huertanos, estaba a punto de dar un fruto que era la principal ayuda para el huertano, echando toda la familia horas y horas en coger la hoja, sacar los zarzos al sol, protegidos con mantas para que los gusanos estuvieran a gusto, comiera y engordara.
Hoy solo nos queda el recuerdo de todo esto, que ya pasó, en una cabalgata gigantesca y multitudinaria que reparte a manos llenas los productos de esta tierra con la misma generosidad que ella los producía antaño pues, ahora, lamentablemente, las acequias están secas, casi no hay moreras, muchos bancales se han convertido en calles y ampliación de la ciudad y ha pasado a formar parte de la historia, y de nuestras tradiciones, la Huerta de nuestros abuelos, la de los que sacaron el primer Bando en 1851.

martes, 22 de enero de 2008

DULCES MURCIANOS



COSTUMBRES MURCIANAS.-

“ DULCES NAVIDEÑOS “

Murcia y su huertana es rica, inmensamente rica en gastronomía, y dentro de esta, dispone de un extenso y delicioso listado de dulces navideños, la mayoría de ellos, no cabe la menor duda, heredados de nuestros antepasados los musulmanes, grandes obradores de tan ricos manjares.

La lista estaría encabezada por la famosa torta de pascua, para seguir con las tortas de boniato, las finas o escaldadas, los mantecados, los cordiales de almendra, los rollos de naranja, los de anís, los de canela y otros muchos que han llegado hasta nosotros con ligeras variantes.

La circunstancia de contar la vivienda huertana con horno moruno propio en lugar próximo a la casa, y el conocimiento completo que de las tareas de amasado y cocción tenía la huertana, permitían hacer verdaderas delicias reposteriles , desde las clásicas tortas de pascua antes citadas ( harina de trigo, azúcar, aceite requemado, canela y rallado de naranja, aguardiente , piñones y almendras molidas en sabia proporción a las que se <> tras la cocción con agua de miel ) hasta los mantecados de trigo, azúcar, huevos, manteca de cerdo y corteza de limón rallada, pasando por los cordiales y otras “ menudencias “.

Estas faenas de elaboración de la dulcería navideña ocupaban varios días a las mujeres de la casa; faenas pesadas pero que realizaban con la mayor alegría porque no había mayor orgullo para el ama de casa que poner a prueba de paladares sus habilidades culinarias.

Todo esto servía de picoteo para zagales y no tan zagales, pero sobre todo, para acabar una de las comidas más célebres de esta tierra: “ El cocido de pavo con pelotas del primer día de navidad “.


Carlos Gargallo Martínez / Poeta
Vocal de cultura Peña Huertana El Tablacho

lunes, 21 de enero de 2008

Costumbres Murcianas: "Las Campanas de Auroros", por Carlos Gargallo

En el Alboroque Digital tenemos el placer a partir de hoy de contar con un nuevo colaborador del mismo. Se trata de Carlos Gargallo Martínez, gran Poeta murciano y Vocal de Cultura de la Peña Huertana "El Tablacho" de Murcia.
Carlos es un gran amigo de quien ésto escribe, tanto él como el resto de miembros de esta Peña Huertana me abrieron sus puertas hace ya casi diez años y desde entonces tengo el gusto de asistir y presentar cada año la Entrega de Tablachos de Oro y Plata que es el acto que suele cerrar las semanas culturales de esta peña enclavada en el barrio mas típico de Murcia como es el Carmen.
Carlos Gargallo es además y por encima de todo un poeta autodidacta que bebe de las fuentes múltiples de la poesía. Ha publicado en distintas revistas literarias, habiendo ofrecido recitales en toda la región y ciudades limítrofes a la misma. En abril de 2006, gana el 2º premio nacional de poesía Ayuntamiento de Totana (Murcia), y más recientemente el 1er. Premio al mejor soneto organizado por la asociación cultural Cuadernos Monroy y el Ayuntamiento de la ciudad de Cartagena.
Actualmente dispone de un Blog que os invito a visitar: http://hablando-abonico.blogspot.com/
Pues bien, a partir de hoy como digo, contaremos en El Alboroque Digital con el lujo de sus aportaciones literarias y costumbristas murcianas. Solo me queda agradecer a Carlos su gran predisposición desde el mismo momento en que le solicite el colaborar en este Diario Digital.
Bienvenido Carlos, esta es tu casa.
La Dirección de El Alboroque Digital

LAS CAMPANAS DE AUROROS.- Hermandades murcianas y de la Huerta
Texto de Carlos Gargallo, Poeta Murciano y Vocal de Cultura de la Peña Huertana "El Tablacho"

La primera salve que cantan
a la Virgen la dedican,
y luego van por las calles,
con más silencio que en misa,
rezando y cantando salves
hasta que amanece el día;
luego en la misa del alba,
se canta de despedida;
y en la puerta de la iglesia,
cuando se acaba la misa,
roncos los pobres auroros,
rompen alegres las filas

JOSE MARTINEZ TORNEL

Las Hermandades de Auroros, también llamadas "Campanas" -nombre que toman del instrumento que marca el ritmo, la entrada y la salida de los cantos- se remontan a principios del medievo, al ser unos coros que actuaban en las celebraciones religiosas, formalizando su actividad hacia los siglos XVI y XVII en forma de Hermandades, muchas de ellas bajo la advocación de la Santísima Virgen María, cuya imagen de Nuestra Señora de la Aurora sacaban en procesión de la iglesia de Santo Domingo -de ahí su nombre- restableciendo la "despierta de la Aurora" desde el 17 de Agosto de 1719, al saludo de ¡Salve regina mater!, con alguna en la Ciudad y proliferando en las Pedanías y Partidos de la Huerta que, al principio, elevó bastante su número pero que la marcha de los tiempos las ha hecho disminuir grandemente.

En algunos casos están ligadas a Cofradías, aunque funcionan con plena autonomía; se rigen por sus Constituciones, las cuales se han reformado con relativa frecuencia en los Cabildos, presididos muchas veces por un sacerdote, reuniéndose en la Sacristía en Enero o Febrero anualmente, rindiendo cuentas el Hermano Mayor (cuya elección es en "votada" secreta) y nombrándose en ellos a los Mayordomos; también hay unos miembros, llamados dispertaores que tienen el encargo de despertar a los hermanos, rigiéndose, antiguamente, por un reloj de cuco.

Entre los animeros el que dirige o el que lleva la batuta tácitamente en el coro, no se llama director, sino antiguo; y este antiguo tiene una especie de vice, al que se llama segundo y que por su nombre se comprende cual ha de ser su misión dentro del círculo de los auroros.

Los superiores no cantan; su encargo no es solo dirigir, pues deben vigilar y ordenar a los dispertaores, nombre con que son distinguidos los demás hermanos, que alternan en la obligación de despertarse mutuamente, cosa que comienza a las once de la noche y a las doce ya deben estar todos en pie, puesto que a esa hora en punto débese empezar a cantar. Son considerados como hermanos, con todos los derechos, aunque se les libera de la obligación de servir como Mayordomos.

Aquellos hermanos que pagaban una cuota anual en las Campanas de Auroros eran conocidos con el nombre de tarjas, nombre que se da a quienes no forman parte del coro y, por lo tanto, carecen de la obligación de seguirlo, si bien conservan los restantes deberes y
derechos de todo asociado.

Las "Campanas" forman en corros, clasificados sus componentes según sus voces, siendo el "tronco" la parte del coro que lleva la melodía, mientras que las "cuerdas" o "voces" interpretan los acordes, contrapuntos y armonías, todo ello bajo el rítmico y acompasado son que les marca la campana, luciéndose los que tienen buena voz, habiendo algunos pianísimos que se hacen a boca cerrada o apenas entreabierta para reducir la intensidad del sonido.

Son melodías sencillas, con cierto sabor morisco, cosa que se advierte cuando, después del primer período, cesa la campana que marca dos partes separadas por una gran pausa, y una sola voz -siempre tenor o contralto- entona una especie de "salutación" o "copla" en movimiento lento.

La Salve de la Aurora es un canto genuinamente murciano, cuyo sabor árabe indica la antigüedad de su procedencia, pues se cree es una tonadilla de principios del siglo XV, y presúmese que dicha composición fue hecha para que la cantaran los gremios en la noche de los sábados a la terminación de sus faenas, y en las madrugadas de los días festivos.

Se canta en compás anario, sin otro acompañamiento instrumental que la campana, la cual sirve también de indicador rítmico, y es a la vez la parte más importante y difícil del hermoso contrapunto. El coro es a tres voces, si bien suplen éstas por octavas en las cláusulas intermedias y finales, resultando seis voces; y como los cantores solo aprenden de oído la tonada, tienen que reunirse por cuerdas para oírse bien los de cada voz y aislarse de los demás, a fin de no desentonar y echar a perder el magnífico conjunto de la popular obra.

La Salve de Difuntos y la de la Aurora, solo se diferencian en la letra y en un aditamento que el uso de los cuadrilleros han introducido con cierto buen gusto casi al final del canto para producir alguna variedad; se suele decir más lento, imprimiendo así un aire de tristeza.

Antiguamente los cantores de la Aurora interpretaban la Salve en las puertas de las casas de los cofrades en las primeras horas de la noche de los sábados, o el domingo al terminar la Misa de alba en la Iglesia de San Francisco, que estuvo en el Plano de su nombre.

Lamentablemente, al no existir partituras, este tesoro musical de nuestro folclore religioso -con un repertorio bastante extenso de salves, coplas y misas- ha sido transmitido oralmente por lo que el paso del tiempo y el olvido lo ha hecho disminuir, habiendo desaparecido muchas composiciones de forma totalmente irrecuperables.

Su principal actividad coincide con festividades de la iglesia católica, dividiendo el año en ciclos litúrgicos. Así en Octubre, es el mes del Rosario; en Noviembre -o en los entierros de alguno de sus miembros- desgranan sus cantos en los Camposantos; antiguamente, y por el humilde estipendio de cinco céntimos, entonaba una salve de difuntos alrededor de cada sepultura la cuadrilla de cantaores de algunas feligresías. En Diciembre y primera semana de Enero el de adviento y, por último, el tiempo de Pasión, que es toda la Cuaresma
hasta el Domingo de Resurrección.

En este último ciclo, en la tarde de Jueves Santo, diversas Campanas de Auroros se dan cita en la Plaza de San Agustín, cantando en el jardín central, ante la Iglesia de Jesús, de la cual saldrá al día siguiente la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la procesión de los "Salzillos×"

En Navidad, tiempo de gozo y alegría, las "Campanas de Auroros" se unen a otros grupos que llevan instrumentos musicales de cuerda y los tradicionales navideños, tales como panderetas, zambombas, postizas, amen de otros tan huertanos como castañetas, carrasquillas y la botella de anís, vacía, sobre cuyos resaltes rascan con una cuchara.

Cantan alegres "aguilandos" o, si en la casa que visitan, hay luto reciente o "fresco", rezan y cantan la Salve, pues los "Auroros" cantan rezando, o rezan cantando. Normalmente llevan un farol encendido al frente en sus salidas nocturnas; de día, algunas lucen su estandarte. En las frías noches invernales, se hace un alto en alguna casa particular o taberna, donde consumen "la ración", consistente individualmente en un vaso de vino y "torraos".

LOS AUROROS (*)

Suena campana, suena,
dale al badajo
que cantan las voces, serias
por su trabajo,
incensando a Jesús
las "Campanas de Auroros"
en Jueves Santo.

Suena campana, suena,
dale al badajo,
salmodian su canto
arriba, abajo,
lo mismo por la senda,
el carril, la vereda,
junto al merancho...

Enero 2008

Carlos Gargallo / Vocal de cultura Peña huertana el Tablacho y Poeta.


Bibliografía relacionada con el texto:
- 12 MURCIANOS IMPORTANTES. Rodolfo Carles. 1878
- ESCENAS MURCIANAS. Andrés Blanco y García. 1894
- PASIONARIA MURCIANA. Pedro Díaz Cassou.1897